Sobre la Artista

Mercedes Castro, de la magia, lo enigmático, el paraíso en la tierra y lo insondable

Mercedes Castro es una pintora que disfruta con su obra y capta la vida más allá de lo externo.

Se caracteriza por el dominio del color, la expresividad insondable de sus cromatismos y escenarios, llenos de exuberante vegetación, con presencia de la fuerza y la pasión de personas, animales, espíritus del bosque, devas y energías.

Conecta con la fuerza la naturaleza, con la determinación de la existencia, pero, también, con lo enigmático, es decir con la luz, el equilibrio, la búsqueda de la energía y del magnetismo en entornos muy cuidados, llenos de árboles, bosques, plantas, flores, animales simbólicos y determinantes como el gallo, el gato o el pavo real.

Sus personajes son partes de un todo, de una determinación evidente, tanto en sus óleos de paisajes exuberantes y sensuales, llenos de luz, de la fuerza del mar, de la expresividad del océano que baña con sus millones de gotas de agua el entorno que acaricia y posee como en sus composiciones florales elaboradas en pastel, sus atractivas acuarelas y sus dibujos llenos de misterio y precisión.

El gato, los gatos, alegoría de una sensualidad, de una visión felina de la existencia, entendiendo como tal la posibilidad de ir más allá de lo que se es por sí mismo gracias a los dones y a las posibilidades intrínsecas de la propia naturaleza.

Unas posibilidades que se convierten en cascada de la aguada en sus acuarelas, o bien en misteriosos claro oscuros en sus dibujos o en todo caso en efusividad cromática intensa en sus elaborados pasteles.

Su obra va más allá de lo que observa, porque todo lo que pinta posee una cierta trascendencia en sí mismo, partiendo de su propia evidencia, de la constatación de sus límites.

Luego impulsa aquello en lo que conecta hacia aspectos insondables de una realidad que es más mágica y misteriosa que lo que a simple vista los mortales podemos destacar.

Es una creadora plástica que ama el misterio, que le atrae la parte enigmática de la existencia, porque conecta con los espíritus de la naturaleza. Es más escucha su propio espíritu, es una buscadora de la luz, a partir de estar interconectada con el medio, persigue el asentamiento de un ideal de belleza al que no renuncia jamás a lo largo de su extensa trayectoria pictórica.

Enlaza con la pasión y la expresividad hasta en las circunstancias más sutiles y armoniosas.

Es consciente de que la existencia de la energía no tiene límites, dado que está en continuo movimiento. Así sus paisajes y escenas poseen la intensidad de la calma aparente o bien expresan momentos efusivos de una naturaleza desbordante.

Capta estos instantes, conectando con sus posibilidades álmicas, yendo hacia el camino del espíritu sin renunciar a la fogosidad por la senda de la calma de la belleza, utilizando el misterio, desgranando, poco a poco, momento a momento, instante a instante, aquellos placeres ocultos de una realidad a la que no renuncia pero que entiende de forma más amplia y profunda.

De hecho conecta con un ideal de realidad, que va más allá de las apariencias, porque estas no existen, son maya, puro espejismo e ilusión.

Son partes de un pasado que como tal nunca ha existido, sino que se adentra en el hoy permanente, en la evidencia del cambio, en la transmutación propiciada por la misma fuerza contenida en la energía.

La energía es luz, materia, forma, equilibrio, belleza, expresividad y cambio.

La vida se nutre del cambio, porque cada situación es enigmática en sí misma, en el sentido de que nunca podrá alcanzar aquellos fundamentos y experiencias centrales sin el concurso de lo que no se ve pero que influencia la evidencia.

Es una pintora apasionada, amante de la vida, partidaria del viaje hacia la luz, que sabe observar, pero no se limita a describir la acción, sino que se concentra en la parte emblemática, en desarrollar el misterio que se halla en cada poro de la piel y del tejido de todo lo existente.

El misterio es parte de la evidencia de lo que no se conoce pero que se ansía evidenciar.

La vida es también meditación, porque precisa de los opuestos para poder reivindicarse a cada momento.

Su actitud de mujer espléndida en la creación la conduce a potenciar todos los aspectos posibles de una existencia que no posee una misma concreción, pero que, en contrapartida, comparte, la forma de ser y de ver la direccionalidad de todo lo que es por sí mismo, es decir, energía, transmutación, cambio, evidencia y no evidencia, esencia y materia, formulación de la variación como fundamento de la propia enigmaticidad.

Busca el cambio en la más aparente calma de lo que es más allá de la materia concreta.

Aporta fuerza, efusividad, un cromatismo misterioso que se sumerge en la luz, para mostrarnos el embelesamiento de la naturaleza y de nosotros mismos en medio de la espectacularidad del color.

Joan Lluís Montané

De la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)